Hace tiempo ya os puse un texto con “10 formas estúpidas de morir“. Pués esta vez Pablo me manda un texto muy interesante (creo que extraido de aquÃ) de muertes curiosas, muertes muy poco naturales.
En su partida al más allá, algunas personas experimentan el cara a cara con la muerte de maneras realmente curiosas. Accidentes absurdos. Fatalidades impensadas. Coincidencias escalofriantes. Una lista de macabras anécdotas que quedarán en la historia por tratarse de muertes muy poco naturales.
I
Para empezar, una cadena de muertes “bizarras” que, por su impactante efecto dominó, fue tema de conversación durante semanas. Algunos la recordarán, sucedió en Buenos Aires, en 1988.
Una familia de apellido Montoya, que vivÃa en un piso trece del barrio de Caballito, se habÃa ido de vacaciones dejando en el departamento a su pequeño perrito. Un amable vecino se encargaba de darle de comer todos los dÃas. Sin embargo, el perro tuvo la mala idea de salir al balcón, donde perdió el equilibrio y cayó. Una mujer de 75 años, recibió el impacto perruno y murió en el acto, concentrando un grupo de gente que, como sucede en esos casos, corre hacia el lugar, entre gritos y pedidos de auxilio.
Una de esas personas fue Edith Solá de 46 años, quien cruzó la avenida sin cuidado y fue atropellada por un colectivo. La mujer murió instantáneamente, pero como no hay dos sin tres (sin contar al perro, claro) un anciano, al ver el horrible espectáculo, sufrió un ataque cardÃaco falleciendo camino al hospital.
Uno de los testigos entrevistados remató el hecho con una frase memorable: “parecÃa un atentado, habÃa cadáveres por todos lados!”.
II
El siguiente episodio ocurrió en la ciudad de New Orleans en 1992. Más de 100 socorristas se habÃan reunido para celebrar el fin de la temporada de verano. Además de la fiesta, ya clásica, se festejaba el hecho de que por primera vez en la historia, ese año, no habÃa habido ningún accidente fatal en las aguas. Todas las personas que habÃan estado en peligro fueron rescatadas sin problemas.
Los muchachos habÃan conseguido una casa enorme con un amplio salón, muchos metros de parque y con… una piscina. ¿Se van imaginando que fue lo que pasó?
Exacto! Durante la celebración, uno de los invitados cayo al agua, presumiblemente borracho y sin que nadie lo notara, se ahogó.
Si ya ahogarse en una piscina tiene algo de ridÃculo, se podrÃa decir que ahogarse en una piscina en el medio de una fiesta, es el doble de ridÃculo.
Ahora bien, ahogarse en una pileta en una fiesta rodeado por cien socorristas… es, bueno, en fin, me quedé sin palabras.
III
Yusuf Ishmaeld fue un gigantesco luchador turco que llegó a fines del siglo XIX a los Estados Unidos para realizar una serie de combates. Mal no le fue. Venció al campeón de lucha Evan Lewis y, también, al campeón de lucha grecorromana Ernest Roeber.
Yusuf, tenÃa la costumbre de convertir todo el dinero ganado en monedas de oro, las cuales guardaba en un cinturón de enormes proporciones que llevaba siempre puesto.
De regreso a su paÃs, apenas a unos metros de la costa, el barco en el que viajaba colisionó con un buque inglés en aguas del Atlántico norte. Ante el inminente hundimiento, todos los pasajeros debieron saltar por la borda y nadar hasta los botes de rescate.
El luchador turco también lo hizo, pero el peso de su cinturón le impedÃa mantenerse a flote. A pesar de saber que si no lo soltaba morirÃa ahogado, Yusuf prefirió irse con su preciosa carga al fondo del mar.
IV
Existe más de una crónica de gente que murió de risa, literalmente.
Por lo general, se conocen casos sucedidos hace mucho tiempo; sobre todo, en la antigua Grecia.
Calcas, por ejemplo, que vivió en el siglo XIII a.C., es un caso paradigmático.
Mientras plantaba unas viñas en su propiedad, un vecino le profetizó que no vivirÃa lo suficiente como para beber el vino de aquellas uvas.
Tiempo después, con las frutas maduras, Calcas invita al adivino a verlo tomar un poco de vino. Al levantar la copa, el vecino repitió sus dichos y esto le provocó tal ataque de risa descontrolada, que murió luego de permanecer varios minutos sin poder respirar.
Otro caso más cercano en el tiempo, cuenta la tragicómica historia de Lady Fitzherbert, una viuda inglesa que asistió al teatro a ver una comedia.
Una de las bromas le resultó tan graciosa, que empezó a reÃr sin poder parar comenzando a llamar la atención de los demás espectadores, que preocupados, la retiraron de la sala. La señora fue trasladada a su casa, mientras su risa continuaba sin interrupciones. Al dÃa siguiente, la visitó su medico personal, que tuvo problemas para auscultarla porque se movÃa todo el tiempo debido a las carcajadas. Finalmente, luego de dos dÃas, bajo la incrédula mirada de sus sirvientes, Lady Fitzherbert dejo de reÃr. Estaba muerta.
V
En varias oportunidades, se ha acusado a personajes como Superman o Spiderman de provocar conductas imitativas en niños, que intentan emular a sus Ãdolos saltando desde ventanas con trágicos resultados.
Sin embargo, mucho tiempo antes que dichos superhéroes fuesen creados, más precisamente en 1912, un sastre de nombre Reichelt, austrÃaco, residente de ParÃs, hizo un anuncio extraordinario. Declaró haber confeccionado una capa mágica que le permitirÃa volar como un murciélago.
Para demostrar sus afirmaciones, pidió permiso a los propietarios de la torre Eiffel, dado que necesitaba un lugar muy alto para lanzarse y luego sobrevolar la ciudad. Las autoridades, para sacárselo de encima le exigieron un permiso especial de la policÃa. Pero increÃblemente, la autorización le fue otorgada.
El 23 de febrero, junto a un grupo de fotógrafos y curiosos, el sastre se colocó su capa con parsimonia y desde lo mas alto de la torre, convencido de sus afirmaciones, miró con calma el cielo y se lanzó al vacÃo…
1. Un guardia de seguridad de Moscú que estaba borracho, pidió a su compañero que le clavara un cuchillo para ver si su chaleco antibalas servÃa también contra cuchillos. Lamentablemente no fue asÃ.
2. Un hombre de 73 años murió de frÃo durante el gélido invierno de 1989 en New York cuando se quedó atascado en el cubo de basura que habÃa delante de su casa, la gente no lo ayudo porque pensaba que era una broma.
3. En 1983 una mujer de San Diego juró mantener el aliento hasta ponerse violeta si la policÃa no la dejaba en libertad, no la soltaron y murió.
4. A un australiano que estaba jugando al billar en su casa se le ocurrió una idea muy loca, realizar un tiro colgado de una viga del techo, cuando estaba por realizar el tiro se resbaló y se rompió el cráneo contra la mesa de billar.
5. En 1998 un Francés trato de suicidarse de un modo muy especial. Se situó al borde de un acantilado, se ató una cuerda al cuello y la amarró a una gran roca. Después ingirió veneno, se prendió fuego y mientras saltaba desde el acantilado se disparó un tiro a la cabeza. Pero la bala no dio en el blanco, sino que cortó la soga y el hombre cayo al mar vivo, el agua apagó el fuego y de tantas sacudidas vomitó el veneno. Pero al final logró su cometido, murió de hipotermia horas después.
6. Algunos adolescentes brasileros demuestran su valentÃa subiéndose al techo de los trenes, pero muchos mueren decapitados a no agacharse lo suficiente cuando se pasa por debajo de un puente.
7. Plinio, el Viejo, naturalista demasiado concienzudo, vio el Vesubio en actividad durante la erupción que arrasó Pompeya (en el 79 d.C.) y queriendo estudiar el fenómeno de cerca, no se conformó con huir y ponerse a salvo sino que se acercó y entre temblores de tierra, gases, humaredas y el pánico, murió de una crisis cardiaca.
8. Magallanes cuando le quedaba sólo una cuarta parte de su vuelta al mundo, cuando ya habÃa pasado lo más difÃcil y surcado los mares desconocidos, cuando habÃa encontrado la civilización, vÃveres y seguridad en Filipinas (1521), se metió por medio en un sencillo ajuste de cuentas entre dos insignificantes tribus indÃgenas y ahà acabaron sus dÃas.
9. Isadora Duncan (1927), la de la bailarina americana murió estrangulada por su bufanda que se habÃa quedado enganchada entre los radios de la rueda de su coche.
10. Jean-Baptiste Lully (compositor). Éste estaba dirigiendo su orquesta marcando el ritmo con su batuta. En aquella época (1687) la batuta del director de orquesta era un pesado bastón con el que se golpeaba el suelo. En un fragmento difÃcil, Lully se enfadó tanto con sus músicos y golpeó el suelo con tanta furia que en su arrebato de cólera se golpeó el pie con el bastón, se le infectó, se le engangrenó y la broma lo llevó a la tumba.
Visto aquÃ

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